sábado, 8 de julio de 2017

Balance futbolístico de otra decepción

Una nueva temporada en que Atlanta no consiguió su único objetivo posible: ascender a la B Nacional. Desde el último descenso en 2012, peleó por el ascenso en 5 de los 6 torneos disputados, terminando entre el segundo y el cuarto puesto de la tabla. Cuatro veces pereció en la primera ronda del Reducido y tuvo su chance de ascender con un triunfo en una última fecha. Siempre en Villa Crespo. La desolación, la bronca de los hinchas es lógica. Duele acercarse al éxito y no poder conseguirlo.
El arranque del equipo en este 2016/17 fue a pura ilusión. Con la llegada de Fernando Ruiz como entrenador y el armado de un plantel plagado de jugadores de jerarquía en ofensiva, Atlanta parecía apostar a llevarse a todos por delante. La irreverencia de Guri García, el desequilibrio de Peralta, la sorpresiva aparición de Dorregaray, el aporte goleador de Ramos, las promesas de goles de Pons, la clase de Ezequiel Rodríguez en su nueva posición de volante central. Había material para creer. Sin embargo, pronto el poderío ofensivo decayó y persistieron los problemas defensivos. Atlanta entró en el terreno de la total irregularidad, sin encontrar el equipo, el esquema, la idea de juego. Nunca pudo resolver sus problemas defensivos y su bajísimo rendimiento en Villa Crespo, donde perdió y empató partidos increíbles, ante rivales débiles.
Las performances individuales también bajaron su nivel. Peralta fue el caso emblemático en este sentido: clave en la primera etapa, intrascendente al final. La ida de Rodríguez también le agregó una cuota fatídica: Atlanta perdió mucho con su salida ya que era un volante con quite, presencia y manejo de la pelota. Algo que Seijas y Guerra no pudieron aportar ni sumados los dos. La llegada de Duró al banco por momentos dio esperanzas, y Atlanta entregó un par de buenas actuaciones, pero también mostró las peores versiones del equipo de Ruiz.
El final fue cantado. El Bohemio no jugó a nada, como en casi todo el campeonato en Villa Crespo, salvo el gran partido que le ganó al campeón Morón, jugando como si fuera una final. La misma actitud con que encaró el encuentro de Copa Argentina ante los sanjuaninos. No se vio el mismo Atlanta en el partido más importante, los cuartos de final del Reducido. Había que empatar.

martes, 4 de julio de 2017

ATLANTA 0 ESPAÑOL 1

Una mancha más al tigre. Un nuevo capítulo del interminable compendio de frustraciones bohemias en los mano a mano por el ascenso a la B Nacional. Casi dos décadas en que las historias se vuelven a reescribir. Ya más como comedia que como tragedia.
Un empate le bastaba a Atlanta para pasar a las semifinales. Era local. Tenía todas las de ganar. En teoría. También sabíamos que en Villa Crespo este equipo siempre la tuvo muy complicada y le costó conseguir resultados. Sin ir más lejos, le había tocado perder contra el mismo rival hace no mucho, en la misma cancha. Este martes se vio de lo peor de este Atlanta irregular, inestable. Pero tampoco fue nada nuevo. La misma impotencia, la misma fragilidad habían sido elementos presentes en partidos anteriores. Varias veces. El visitante se pone en ventaja en su primera llegada y después hay que remontarlo, con los nervios y una mochila pesadísima. ¿Cuántas veces leímos esa historia este torneo? En todo el campeonato el Bohemio no pudo solucionar su alarmante debilidad defensiva. Sin embargo, esta vez no apareció la jerarquía de los jugadores, ni que hablar de la contundencia ofensiva que apenas fue un espejismo en el principio de la temporada. Estuvieron todos en la cancha. Duró los juntó a todos en un segundo tiempo en que acumuló delanteros y jugadores creativos. Ramos, Dorregaray, Pons, Barría, García y Peralta juntos. Ni una chance clara para encontrar ese gol que otorgaba la clasificación. ¿Del lado de Español? Un equipo limitado pero inteligente, práctico, compacto, con plena confianza anímica y táctica. Un Amarilla que hizo las veces de Messi, autor del gol y absolutamente imparable. Si la actuación colectiva de Atlanta no estuvo a la altura de las circunstancias, los rendimientos individuales fueron paupérrimos. No se salvó ni uno de los jugadores de campo. Todo lo que tenía que hacer el conjunto de Duró para quedarse afuera lo hizo. Todo lo que temíamos que podía pasar pasó. La confianza y las ilusiones depositadas en función de los buenos méritos de un equipo que algo hizo para salir tercero en la tabla fueron fulminadas. Otra maldita frustración que cuesta digerir.

lunes, 5 de junio de 2017

¿Identidad futbolística?

En el medio del fútbol, se suele dar por sentado que cada club tiene cierta identidad futbolística, una tradición histórica que debe ser respetada y que representa distintivamente a la institución en materia de fútbol. Una manera de jugar, un espíritu de juego. Puede tener aspectos tácticos, anímicos o técnicos. Pero ¿existe tal cosa? ¿Es chamuyo? ¿Un invento? ¿Una exageración? ¿Un mito?
Muchas veces tales tradiciones se sustentan en la memoria de algún (o algunos) equipo glorioso en la historia del club. Sin embargo, a lo largo de las décadas, cambian los dirigentes, los jugadores, los técnicos y los hinchas. La única forma de que una tradición futbolística se conserve es el riguroso control ciudadano, el reclamo popular. Además, debe haber una dirigencia y un DT que le den sentido a esa pertenencia a una tradición identitaria. No son muchos sin embargo los casos de clubes en el fútbol argentino que puedan ostentar una identidad histórica tan clara y vigente. Boca, River, Independiente, Estudiantes, Argentinos, son los ejemplos más emblemáticos, cada uno con su estilo particular.
En el resto de los clubes (o sea, la gran mayoría), la cuestión de la identidad se vuelve más amorfa y confusa. No hay elementos para definir una tendencia histórica constante, repetida a lo largo de generaciones como si se tratara de un rito sagrado. Los hinchas, sin embargo, en su espíritu más romántico asocian a su propio equipo con una identidad relacionada con el poder ofensivo, con el ataque, la búsqueda. Claro que la elección de una forma de jugar no tiene porqué, racionalmente, estar relacionada con una supuesta identidad del club al que representa un equipo, sobretodo en este tiempo de contratos efímeros y jugadores trotamundos. Los jugadores y técnicos son empleados circunstanciales de un club y su obligación es trabajar en pos de un objetivo, no hacer las veces de sacerdotes del culto.
¿La identidad futbolística existe? Si existe ¿tiene algún valor? ¿Es algo deseable? ¿O puede ser un lastre, una mochila pesada? Mientras tanto, propongo el ejercicio mental de pensar cuál sería la identidad de Atlanta, si la tuviera. Si nos tuviéramos que apoyar en los grandes equipos de Atlanta, más allá del "aislado" campañón de 1973, los mejores años bohemios en fútbol fueron entre el ascenso de 1956 y la primera parte de la década del '60. En ese período de enorme crecimiento institucional, Atlanta se coló varias veces entre los primeros puestos del campeonato, ganó la Copa Suecia y sacó de sus inferiores grandes estrellas. Lamentablemente, no hay manera de comprobar cuál era la idea de juego de los equipos de esa época brillante. ¿Qué era lo que lo distinguía de los demás? ¿Era más ofensivo? ¿Tenía mejores jugadores de ataque? Por lo pronto, podemos decir que en esa época el Bohemio fue el laboratorio de Osvaldo Zubeldía, un maestro innovador de cuya escuela nacieron las últimas tres finales mundiales disputadas por la Selección argentina. Y en ese equipo jugaba Carlos Timoteo Griguol, otro maestro del fútbol nacional. Zubeldía y Griguol realzaron la táctica, la rigurosidad y la estrategia como herramientas de los humildes para darles pelea a los más poderosos, a los que pueden sacar la billetera y hacerse de los mejores jugadores. Justamente ese Atlanta de los '60 irrumpió en un escenario dominado por los grandes.
Quizá, sólo quizá, si es que existe algo así como la identidad futbolística de un club, haya que empezar por ahí para saber de dónde venimos. Es sólo una idea.

ATLANTA 1 T.SUÁREZ 1

El empate con gusto a poco obtenido en el partido número 1000 en el León Kolbowsky fue una buena síntesis del ciclotímico e irregular andar de Atlanta en este campeonato. En el primer tiempo, el Bohemio fue un equipo gris, sin alma, sin ideas de juego. Débil en defensa, ofreció oportunidades a un visitante que jugó mejor y supo aprovechar para ponerse en ventaja. El equipo de Duró no llegó en toda la primera parte. Los delanteros no se conectaron con el juego, García y Peralta estuvieron en un muy bajo nivel. En el medio, Previtali volvió a brindar una pálida imagen y Seijas no logró hacerse dueño de la cancha. Sin mediocampo y sin inspiración ofensiva, díficil atacar con peligro. En el segundo tiempo, el técnico metió dos cambios de una, evidenciando que el equipo necesitaba cirugía mayor para intentar dar vuelta la historia. Se la jugó por dos rapiditos como Barría y Tolosa, mientras Suárez se dedicó a conservar la ventaja que había conseguido. La producción en la segunda parte fue mucho mejor, con una gran actuación del Rayo Barría que revitalizó al equipo y asistió a Dorregaray para marcar el empate. Mereció incluso la victoria.
En un torneo que tiene a Morón como virtual campeón, lo único que queda es luchar por el segundo ascenso en un Reducido que ya tiene a Atlanta muy cerca de la clasificación. El Bohemio tiene material para ascender pero necesita mejorar su funcionamiento, alcanzar la regularidad que nunca encontró en todo el campeonato. El equipo es una caja de sorpresas, capaz de poner de rodillas al más fuerte y caer ante el más débil. La cuestión parece pasar más por lo anímico e individual que por lo táctico, ya que han pasado los esquemas, jugadores en distintas posiciones, y no hay solución. Gómez puede salvar con sus atajadas como ser responsable de goles evitables. La defensa alterna partidos de firmeza con días de hot sale. En el medio, la ausencia de Rodríguez se siente mucho. García y Peralta son jugadores desequilibrantes, de jerarquía, pero muchas veces están apagados. Los delanteros no están enchufados con el gol. 

sábado, 20 de mayo de 2017

ATLANTA 2 DEFENSORES 1

Importante triunfo en Villa Crespo frente a uno de los equipos más fuertes de este campeonato, ratificando que en este 2017 al Bohemio le cuesta con los débiles y se siente más cómodo enfrentando a los poderosos. Justamente después de un sorprendente 4-0 a Almirante en Casanova, Atlanta volvió a ganar y se acomodó en la tabla, por ahora en el segundo puesto. Fue un duro enfrentamiento ante Defensores, pese a que jugó más de un tiempo con un jugador de más. El conjunto de Duró no jugó bien, pero con voluntad y perseverancia se llevó puesto al visitante. De hecho, en la primera etapa, ofreció una mejor imagen Defensores, manejando la pelota con criterio y mostrando una idea más clara de juego. A Atlanta le costó tenerla y generar en el mediocampo, con Guerra y Previtali muy imprecisos en los pases y un García intrascendente. Ramos y Pons quedaron poco abastecidos y debieron luchar entre la férrea y sólida defensa del visitante.
En la segunda parte, con la ventaja numérica, Duró decidió cambiar al esquema. Sacó a Previtali que estaba en un muy bajo nivel e incluyó al Rayo Barría, que mostró interesantes incursiones por el extremo derecho. El cambio le dio al equipo mayor vuelo ofensivo, pero al mismo tiempo generó desequilibrios defensivos. Arriesgar implica ambas consecuencias. Defe aprovechó y logró convertir. El partido parecía complicarse demasiado porque Atlanta sufrió anímicamente el inesperado gol en contra y el conjunto de Della Pica se iba encerrando en su mejor virtud: defenderse. Mientras Anconetani continuaba su show. Duró metió dos cambios juntos para intentar dar vuelta la historia, aunque puesto por puesto. Gogna empató en un tiro de esquina y García clavó el segundo para humillar el abatido Anconetani. Faltaba poco. Fue un premio para un Atlanta que siempre quiso aunque sin jugar bien, y un castigo para un Defensores que terminó jugando sin delanteros en pos de aferrarse a al menos un punto.

miércoles, 10 de mayo de 2017

ATLANTA 1 SAN TELMO 1

El agónico gol de Leo Ramos en el minuto 97 apenas se festejó tibiamente en la fría noche de Villa Crespo. Es que el empate como local ante un débil San Telmo tiene sabor a muy poco para Atlanta, que necesita ganar para volver a creer que tiene alguna chance en el Reducido. Claro que una derrota hubiera tenido el mismo tono que otras caídas increíbles ante equipos modestos en el Kolbowski, como ocurrió varias veces esta temporada.
El conjunto dirigido por Duró jugó muy mal. El primer tiempo fue por momentos aceptable. El Bohemio intentó ser protagonista y mostró algunas buenas intenciones. Generó así algunas oportunidades para ponerse en ventaja, aunque repitió las fallas en la definición que viene mostrando últimamente. Con voluntad, igualmente, no podía hacer olvidar las ausencias de Gurí García, lesionado, y Rodríguez, una ausencia a la que ya nos tendremos que acostumbrar. Guerra es el símbolo semántico del equipo: con mucho sacrificio, pero sin fútbol. Atlanta no tuvo mejores ideas que apostar a los pelotazos a los tres nueves: Altobelli, Pons y Ramos, pero sin éxito. Peralta nuevamente falló en un partido en que se le reclamaba aportar el juego y la conducción del equipo.
En el segundo tiempo, el Bohemio ofreció su peor versión. No pudo generar situaciones, de hecho le costó pisar el área rival. Buscando la victoria Duró realizó cambios de nombres y tácticos. Deshizo el triple nueve y el doble cinco para incluir a jugadores jóvenes, más rápidos. Ingresaron Cequeira, Tolosa y Nakache. Pero el equipo no pudo hilvanar una jugada y hasta perdió la pelota y el orden. En medio de la confusión, San Telmo se acercó un poco y pudo convertir con un penal dudoso. Parecía sentenciado porque Atlanta no tenía reacción. Hasta que apareció Ramos en la última jugada para poner un poco de justicia y salvar un punto en una muy mala noche bohemia.

miércoles, 3 de mayo de 2017

ATLANTA 1 FENIX 0

Pasó una eternidad de novelas y dramas entre aquella derrota en Barracas y esta vuelta a Villa Crespo para recibir a Fenix. Un antes y un después. Ya no está Ruiz en el banco y llegó Guillermo Duró para ocupar su lugar. Ya no está más Ezequiel Rodríguez en el plantel. La barra, después del episodio vergonzoso en la semana, aislada en su tribuna se dedicó a insultar a los jugadores e incluso también a los hinchas y socios de verdad, que no quisieron avalar su accionar. Justamente este accionar fue la causa de algunos problemas futbolísticos del equipo en este partido. Duró dispuso un tradicional 4-4-2 con pocas innovaciones. Era el mismo sistema que había preferido Ruiz durante la primera rueda del campeonato. Gogna, como el segundo tiempo ante Barracas, fue el improvisado lateral derecho, relegando a Monje. La vuelta de Tenaglia se espera con ansias. Sánchez recuperó la titularidad en lugar de Jerez, quien había regalado el tercer gol en el último encuentro. En el mediocampo, el doble cinco Seijas-Guerra ofreció voluntad y sacrificio pero falló en la distribución y el manejo de la pelota. Atlanta sufrió la ausencia de Rodríguez, un jugador con presencia y buen pie en el medio. Esta falta generó imprecisión y problemas para armar juego, arrancar las jugadas de ataque. La responsabilidad del juego pasó por los costados: García y Peralta, que jugaron a pierna cambiada la mayor parte del partido.
Fue una pobre actuación bohemia, pero alcanzó para llevarse un ajustado triunfo y eso no es poco. Después de perder muchos puntos frente a rivales débiles como Fenix y de una semana agitada, nada mejor que empezar ganando en el comienzo de ciclo de un nuevo entrenador. Lo que se vio de fútbol no da muchas esperanzas, pero este grupo necesita un envión anímico: hay buenos jugadores que bajaron su rendimiento, y quizá sea todo una cuestión mental. El hecho de que Agustín Gómez haya sido figura por haber salvado algunos mano a mano y varias pelotas complicadas da una idea de que el partido no fue cómodo para Atlanta. Si bien por momentos controló el juego y tuvo momentos en que fue protagonista y se mostró levemente superior, le generaron situaciones, generalmente por errores en defensa. El equipo intentó salir jugando de abajo y muchas veces por no despejarla a tiempo terminó complicándose. En ataque, dependió demasiado de la inspiración de García. Arriba, Ramos y Pons quedaron aislados y se conectaron poco con el juego. Nuevamente, el Bohemio pudo convertir gracias a un penal. Un síntoma de la falta de gol de este equipo que supo ser contundente y goleador.