martes, 9 de noviembre de 2010

The Real Comment: Atlanta 3 - Moron 1

SALUDÁ A PAPÁ PUNTERO!

¡Aquí estamos, mi fiel escudero, en la altura del Olimpo, cerca de Dios y rodeado por ángeles celestiales, de donde podemos contemplar desde arriba el prosaico devenir de los aconteceres mundanos!
Punteros absolutos, después de haber arremetido por los palos y en un rush victorioso, haber dejado a nuestros inmediatos competidores con la imagen dibujada en nuestros espejos retrovisores.
Y eso que este sábado, la cosa vino brava y por momentos, un repeluz de inquietud se deslizó a lo largo de mi columna vertebral dándole un toque de frescor a la tórrida tarde sabatina.
Porque hubo que gastar paciencia y saliva, para dar vuelta un partido chivo ante nuestro hijo moronista, que se llegó a la calle Von Humboldt con las peores intenciones de arruinarnos la fiesta.
Los bohemieros estaban exultantes, ya que los pincharratones habían perdido en Belgrano y no quedaba otra que ganar o ganar para llegar a la cumbre, quedar solos como Edmundo Hillary en la cima del Himalaya.
Repasemos la feliz jornada: El Xabi Alonso debió reemplazar de urgencia al patagónico Carou con problemas en sus fibras musculares, y optó por el hijo del Pepe para su relevo, por lo que el equipo saltó al terreno de juego con la siguiente alineación: Don Rodrigo Llinás de cancerbero; Mancinelli, el centenario Cherro, el Roly Arancibia y el Juampi Segovia; el poeta Galeano, el máximo Pogonza y el zurdo Ferragut; Matías Castro entonces de enganche y los mellizos Soriano al ataque.
Rápidamente se percibió que había dos actitudes diferenciadas en cada uno de los batallones en pugna. Por un lado Atlanta intentando darle primoroso trato a la redonda, mientras que los del lejano oeste vinieron de guapos a pegarle a todo aquello que luciera colores azul y amarillo.
La primera media hora nuestros craks jugaron bien y merecieron algún golcito, ya que el Pepito distribuía bien, Galeano, cuando conseguía esquivar los patadones enemigos, toca bien para los gemelos o para las subidas de Mancinelli y Ferragut trataba de crear una huella, marcando el camino por el lado de la zurda. En el circo central Pogonza quitaba, eludía, la pisaba y se la daba redondita sus camaradas ¡Un fenómeno el gordo!
La que flaqueba un poco era la habitualmente sólida línea de zaguero. Dejaba huecos y dudaba mucho; y, precisamente, en una de esas vacilaciones se filtró un moronista y Cherro se lo llevó por delante. Penal, gol gallináceo y 1 a abajo.
¿Se repetiría la eterna historia del palo enjabonado en la cual siempre patinamos cuando tenemos todo servido para alcanzar el objetivo? Esta duda se hizo espina en el corazón del Atlanterío.
Pero el equipo no perdió la calma y siguió haciendo su trabajo, aunque le costaba hacer valer el hombre de más que tenía desde la mitad del período, y si bien el empate anduvo rondando los arrabales del jovato de Migliardi, finalmente con el cuchillo de la derrota parcial clavado en la espada, nuestros gladiadores se retiraron al vestidor.
Se reanudó el combate, con un Morón acurrucado contra su arquero, mientras que los bohemios tenían a su disposición buena parte de la llanura y del uso del útil elemento.
Pero a esas alturas buena parte del ímpetu inicial del Pepito y de Galeano se había diluido, y eran Ferragut y Pogonza los encargados de aportar claridad para buscar los caminos que conducían a las redes rivales.
Y precisamente después de un tiki- tiki que empezó el Maxi Pogonza, y que Andrés se la terminó regalando a Abel para que este ponga las cosas empardadas. ¡Justo a tiempo llegó ese golcito, porque todo se inclinaba a transformarse dominio estéril e impotencia
Y aquí la batalla dio un vuelco y se empezó a oler en la atmósfera que los villacrespenses iban a ganar el partido y que los occidentales tenían poco aguante para resistir el aluvión punteril.
Y así fue nomás, ya que un rato después el centenario Cherro conectó con su sien derecha un magnífico centro de Ferragut y liquidó el entuerto.
Lo que siguió fue una buena administración del tiempo y el espacio por los virtuales ganadores, con alguna que otra travesura de los visitantes que casi nos amargan la tarde.
Dominando y dejando girar las agujas del reloj se llegó a la última jugada, cuando a Ferragut los levantaron como zorete en pala en el momento que quería ensayar una media chilena acrobática. Otro penal y Andrés que da por terminada la tarde, para que empiece la fiesta.
Y es para festejar, mi fiel escudero: Atlanta pasó una prueba de fuego, no le pesó el compromiso, no aflojó ante la mala y ganó revirtiendo una situación muy dificultosa.
A festejar solos en las alturas: ¡Que nos vengan a buscar!

La verdà de la Moilanesky: Atlanta 3 - Moron 1


Nueva victoria. Van tres seguidas, y ocho ganados de los últimos nueve disputados. Una maquinita Atlanta, que por primera vez en el campeonato pudo colocarse como único puntero, por encima de Defensores –a un punto- y Estudiantes, a tres. Villa Crespo fue una fiesta cuando el equipo pudo por fin revertir el resultado y pasar a ganar el partido: los hinchas se fueron con la confianza bien alta, y las ilusiones en aumento.

No era un partido fácil el que se venía en esta ocasión. Pero después de alcanzar a Estudiantes en la punta, ningún partido podía ser considerado difícil para un equipo en su mejor momento. Y la idea era sortear a Morón de la misma manera que en los últimos triunfos. Alonso no podía repetir los mismos once: Carou, lesionado, debió dejarle su lugar al juvenil Matías Castro. El DT prefirió no cambiar el esquema y se la jugó por el hijo del último gran ídolo bohemio.

Fue un encuentro extraño el que se jugó en el Gran León, como no podía ser de otra forma en un partido en que el conjunto visitante sufre la expulsión de uno de sus defensores a los 20 minutos de juego. Morón se la había buscado. Porque Atlanta empezó jugando muy bien en el primer tiempo, muy enchufado en el juego y con la voluntad de pasar por arriba al rival. El gol estaba al caer. La expulsión sin embargo no favoreció al Bohemio, que fue perdiendo el dominio inicial, y entró en una nebulosa, confundiéndose en incertidumbres defensivas. Morón avisó, y se ganó un penal a favor, convertido en gol. El 0-1 no era justo, pero castigaba a un Atlanta que no había sabido definirlo en su momento, y que se había descuidado frente a un rival disminuido. De todos modos, había mucho tiempo para revertir la situación.

Sin desesperarse, Atlanta lo buscó y lo buscó. No pudo empatarlo antes de irse al descanso, pero siguió en la búsqueda en el segundo tiempo, y encontró su premio. Sin el nivel de juego que hubo tenido en otros partidos de local, el equipo de Alonso fue insistente y lo terminó ganando merecidamente, con autoridad. Abel la empujó para empatarlo, y poco después Cherro hizo el segundo de cabeza. El tercero, de Andrés de penal, fue para la estadística, en el último minuto de descuento, cuando el triunfo ya estaba asegurado. Atlanta hizo lo que tenía que hacer, pese a una mala tarde de sus defensores, pese a no poder convertir en su mejor momento, pese a la ausencia de su enganche titular. Cumplió, dio una nueva alegría, y la punta es solo nuestra.

lunes, 25 de octubre de 2010

Il Commento del Marchese: Italiano 0-Atlanta 1

LA MANO DE DIOS

¡Un verdadero milagro, mi fiel escudero, el que se produjo en la fresquita tarde sabatina en las nacientes del río Matanzas, apodado desde siempre con el despectivo mote de Riachuelo! ¡Un milagro solo comparado con la supervivencia en las entrañas de las tierras de 33 mineros compatriotas del siempre recordado Marcelo Scatolaro!
Y es que ya nos disponíamos a regresar de nuestra incursión en tierra matanceras con la magra zafra de un puntito, cuando en una de las postreras aventuras bohemias en el área garibaldina, el stronzo de Martínez metió la manito, penal y a llorarle a San Genaro y al Papa Benedicto XVI.
Tres puntitos más y Atlanta que hace cumbre a esta altura del campeonato después de una ponchada de años.
Eso sí, tuvimos que sufrir como una parturienta noventa minutos para poder ganarle el partido a un Italiano que increíblemente terminó buscando el empate de local, de la mano de nuestro recordado Rubén Agüero.
Reconozcamos que el combate no vistoso, pero tampoco fue de lo peor que vimos en nuestra dilatada vida y que los peninsulares tuvieron su cuarto de hora, sobre todo en el primer tiempo, y que crearon algunas situaciones que pusieron en peligro la integridad física del arco defendido por Don Rodrigo.
El “Carancho”, que había estado presente en Villa Crespo la semana pasada, observando a su futuro enemigo, pergeñó para la ocasión, la estrategia de ahogar a los volantes auriazules, quitarle la pelota y ver lo que podía hacer el vejestorio de Saccone, que sabe mucho del arte del balompié, pero ya no les dan las tabascomo en sus años mozos.
Atlanta había salido a la cancha con su alineación ideal: LLinás; Mancinelli, Arancibia, Cherro y Segovia; Galeano, Pogonza y Ferragut; Carou y Abel y Andrés. Y trató de entrada a hacer valer sus aspiraciones de ganar la porfía.
Pero los ítalo –argentinos también salieron a por el triunfo con una actitud bastante atrevida, aunque poco imaginativa: tirarle la bola al burro de Leandro Martínez para que la aguante y pivotee, que Rodas se encargue del trabajo sucio y que el Lobo Saccone trate de ponerse el equipo al hombro encabezando todos los ataques.
Los villacrespenses le costaba agarrar la manija del cotejo, ya que el patagónico Carou se entregó mansamente a la pegajosa marca del rubio Natalicchio, Galeano era muy intermitente y Ferragut estaba desorientado sin saber que bondi hay que tomar.
Por su parte los Sorianos no tuvieron una buena tarde, además de estar desprovistos de alimentación por parte de sus volantes.
Suerte que en el medio el rudo Pogonza paraba hasta los aviones que iban a Ezeiza y la defensa, con el centenario Cherro y el Roly Arancibia se las arreglaba bastante bien con los atacantes locales. Y las pocas veces que ellos fallaron, estuvo siempre la presencia del gran arquero de los bohemios.
En el primer tiempo fueron un poco –un poquito- mejor los europeos, pero el empate no era un disparate alocado, fruto de un mente calenturienta, si no que se ajustaba bastante bien a lo mostrado por los contendientes en la cancha.
Pero en el segundo la cosa fue distinta. Agüero en quince minutos sacó a los tres delanteros, se refugio cerca del golero oriental Flores y le regaló una hectárea de terreno a los porteños.
Y en esos últimos 45’ Atlanta pasó a dominar las alternativas, pero con muchas dificultades para abrir brechas entre las filas enemigas.
Era el reino del revés: el dueño de casa procuraba el empate y el visitante por la victoria.
Entraron Guzmán primero y luego Ferreiro. El bohemio era más pero el gol estaba muy lejano. Mucho centro, juego lateral y tiros desde afuera sin demasiada potencia. Era un empate inamovible.
Pero llegó la jugada del penal-que sí se lo llegan a cobrar en Villa Crespo a Atlanta todavía estamos puteando en italiano, idisch y arameo-.
A Abel le importó un rábano, pateó bien el penalti, gol, triunfo y al fin: ¡Punteros!
Ahora a disfrutar de haber llegado a los más alto, pero ¡atentti! Que bien dice el refrán: ¡Lo difícil no es llegar, lo difícil es mantenerse!.

domingo, 24 de octubre de 2010

Calcio Gratis per tutti i ragazzi!!!

La verità dell'Igor: Spotivo Italiano 0 - Atlanta 1


ITALIANO 0 ATLANTA 1

Cuando parecía que Atlanta se iba de Ciudad Evita con un empate con sabor a poco, llegó el penal y el desahogo. El agónico triunfo se festejó efusivamente porque le permite mantenerse ahí, sin perder el paso de sus competidores. Ahora comparte la punta con Estudiantes, al menos hasta que Defensores juegue su partido. Más allá de los medios, se cumplió el fin de la visita: ganar para seguir peleando arriba. No ganar hubiera significado perder dos puntos importantes, antes que sumar uno.

Está claro que Atlanta no es el mismo de visitante que de local. En el estadio del Sportivo Italiano, se vio una versión más chata que aquella que supo deslumbrar en partidos anteriores en Villa Crespo. Después de mucho tiempo, Alonso tuvo disponibles a todos los titulares, sin lesionados ni suspendidos. De esta manera apostó al mismo planteo con que consiguió tan buenos resultados últimamente: con este triunfo ya cosechó 21 de los últimos 24 puntos disputados. Enfrente se encontró con una sorpresa: el debutante Carancho Agüero en el banco local puso en cancha un 4-2-4 audaz, inusual en este siglo. El Bohemio se encontró entonces ante circunstancias particulares. Por un lado, tenía espacios por las puntas para avanzar y atacar. Pero el partido se planteaba abierto para los dos, con posibilidades de juego. Italiano también hacía lo suyo: con buenas intenciones, obligaba y empujaba. Los avances locales desnudaron algunas fallas defensivas en Atlanta, en donde los defensores justamente no tuvieron una buena tarde. Lamentablemente, el Bohemio no aprovechó en la primera parte las ventajas que ofrecía el Tano para avanzar por los costados. Ni Ferragut ni Mancinelli pudieron desnivelar. Carou no pesó en el juego, y Atlanta ofreció menos de lo que se esperaba. Faltaron precisión y decisión para buscar el triunfo. De todos modos, ambos equipos tuvieron sus chances para convertir.

El segundo tiempo pedía el ingreso de Guzmán por Carou para intentar ganarlo por la banda derecha. Sin embargo, el Chaco tuvo una mala actuación, y Atlanta no podía encontrarle la vuelta a un partido que en los papeles era accesible, y que por el desarrollo parecía ponerse al alcance de su mano. Es que mientras el Bohemio deambulaba con pocas ideas, Italiano se hacía cada vez más chiquito y empezaba conformándose con el punto. El local pasó de un planteo ofensivo a acumular jugadores en su propio campo, resignando la pelota. A Atlanta se le vio facilitado el trabajo, y en los minutos finales buscó con mayor intensidad, viendo que la victoria era posible. La pelota sin embargo parecía empecinarse en no entrar. Hasta que llegó el penal a favor sobre la hora, casi en tiempo de descuento. Abel Soriano lo convirtió en gol y en triunfo.

lunes, 18 de octubre de 2010

The Real Commenta : Atlanta 2 - Saint Charles 1


ARRIMANDO EL BOCHÍN

¡Cuidate Defensores…!
¡Ya estamos mi fiel escudero, a la par de los pincharratones de Caseros y pisándoles los talones al dragoncito de Belgrano! Y esto está para cualquiera porque está visto que nadie se come a los chicos crudos y que todo es muy parejo.
Suerte que el club de nuestros desvelos, como los buenos boxeadores, supo asimilar la triste derrota sufrida en la boscosa Agronomía y retornó rápidamente a la gloriosa senda de los triunfos.
Claro que el rival de este sábado era una runfla de malhechores disfrazados de jugadores de fútbol, salpicado con algunos ancianos como el Pepe Pelanda y el charrúa Orfila, que se dedican a pegarles impiadosas patadas a todo lo que se mueve, ya sea con forma esférica o con forma humana.
Atlanta saltó al campo de batalla conociendo la mala cosechas de sus adversarios en el lote de los punteros: Los Pasini Boys cayendo en su excursión a Junín y los belgranianos empatando con Los Andes merced a un gol del Rey Sol Solchaga, gritado con afán por todo el pueblo bohemio.
Los once craks del Xabi Alonso fueron para la emergencia: Don Rodrigo Llinás de cancerbero; el petizo Lolli, Nico Cherro recuperado, el Roly Arancibia y el Matu Valdés en lugar del suspendido Segovia; el poeta Galeano, Maxi Pogonza y el zurdo Ferragut; de enganchador el patagónico Carou y los melli Soriano para el gol.
Los de Villa Crespo salieron sin titubear a arrollar a su espantoso rival y con poco lo arrinconó contra la tribuna que da a la sede social.
Pogonza era el patrón de la vereda en el círculo central, Galeano manejaba bien el útil al igual que Carou unos metros más adelante y los Soriano les rompían la paciencia a los limitados defensores, que tiraban la pelota afuera cuando veían un jugador con la camiseta azul y amarilla a cinco metros de distancia.
El bohemio, no tardó mucho en cristalizar ese dominio en gol, ya que a los 7 minutos, de tiro libre en la puerta del área, Ferragut se la clavo en el rincón de las arañas al pobre Volpe que voló por si había algún fotógrafo cerca.
1 a 0 y los dueños de casa comenzaban a relamerse ante la posibilidad de levantarse con tres puntos, con sólo trabajar a reglamento.
Y todo indicaba que iba a ser así, luego que Abel de cabeza, en medio de los defensores carolingios jugando a las estatuas, facturara un delicioso taquito de su hermano Andrés y pusiera un 2 a 0, cuando todavía no se había disputado media hora de combate.
El partido estaba liquidado y todo se encaminaba a otra goleada de esas con las que nos están malacostumbrando nuestros ágiles, y sin mayores novedades se fue esfumando el primer tiempo, como un barco que pierde en el horizonte.
¿Qué pasó en los vestidores? Sólo Dios y los protagonistas lo saben.
Pero lo cierto es que el Atlanta abrumador del los primeros 45’ se transformó en un equipo nervioso que le fue entregando la pelota y el terreno y solito eligió complicar un partido que era pan comido.
Y aunque los de Berisso no pueden dar dos pases seguidos ni en los entrenamientos, se la rebuscaron para sobresaltar los, hasta el momento, tranquilos corazones del atlanterío.
Máxime después que el ex “Martillo” Ortiz, que nunca le hizo un gol ni a Dosortez, metiera la cabecita y pusiera el score, en el peor de los resultados: 2 a 1.
Al rato lo echan a Volpe, el arquero carolingio, cuando con la mano fuera de los quince metros le birló el gol al ingresado Guzmán.
Parecía que renacía la calma chicha. Pero no, porque esta vez a los auriazules le faltó en esta ocasión oficio para manejar los piolines de la porfía y clausurar la victoria mucho antes evitándose innecesarios sofocones y, en cambio, terminó llegando al final pidiendo la hora.
Pero más allá de las dudas finales, Atlanta ganó y sigue redondeando una campaña fantástica que lo convierte en un firme candidato a pelear arriba hasta el final.
Esperemos que así sea. Ahora viene el Tano de la mano de nuestro conocido Agüero.
¡Nos vemos en Ciudad Evita y que sigan los éxitos!