sábado, 19 de mayo de 2012

No pudo dar vuelta la historia

Por más que la matemática todavía mantenga vivo a Atlanta, la sensación general es que el descenso está escrito. Las chances son virtuales porque la teoría asigna cierta probabilidad no nula de que el triunfo bohemio ocurra, pero en la realidad vemos que ganar parece imposible. Este equipo ya hizo todos los méritos posibles para irse al descenso y está culminando la temporada a tono. Desperdició múltiples oportunidades de superar a sus rivales por la permanencia, habiendo conseguido en este 2012 una sola victoria, nada menos que frente a River. Todo lo demás fueron puras decepciones. Este sábado sumó un fracaso más a la larga cuenta, otra derrota dolorosa a la que ya nos acostumbramos los hinchas en este campeonato. Nuevamente la obligación era ganar, no quedaba otra. Y nuevamente el equipo no pudo cumplir con las exigencias mínimas para intentar luchar por salvarse. Quedan partidos, quedan oportunidades, pero ya casi no quedan esperanzas. Debería ocurrir un milagro para que este equipo destruido reviva y pueda hilvanar un par de triunfos. 
Villa Crespo se tiñó de gris con la derrota que Atlanta que sufrió ante Independiente Rivadavia. Los mendocinos, sin ser mucho más, simplemente fue efectivo en las dos primeras chances que tuvo en el primer tiempo, y con eso le alcanzó para llevarse los tres puntos. El Bohemio regaló mucho. No se entendió la decisión de Roldán de dejar afuera a Pellegrino y volver a incluir a Llinás. Rodrigo cometió un error en el primer gol y quedó marcado por el resto del partido. La defensa tampoco se quedó atrás en otro partido signado por errores defensivos, sobretodo en el sector izquierdo que volvió a ser ocupado por Lugo. Arancibia y Segovia no dieron seguridad atrás. En el medio, apenas Lorefice intentó hacer malabares para no verse desbordado por un visitante que se plantaba mejor. Atlanta fue lo mismo de siempre: un equipo nervioso, sin ideas, con muchos errores y falencias en todas sus líneas. Y eso que esta vez arriba no faltaron las llegadas, pero no estuvieron finos los delanteros en la definición. La única que entró fue la pelota que entró pidiendo permiso, cuando Andrés quedó solo frente al arco. Fue el descuento pero Atlanta no aprovechó el envió y no logró empatarlo, pese a acumular jugadores más ofensivos en el campo. No era cuestión de nombres, es que faltaron las ideas de fútbol como en todo el campeonato. 
El equipo y el técnico se fueron silbados. El clima no era el mejor. Pero por suerte no hubo mayores incidentes.  Era más el dolor por un descenso que a esta altura parece muy cercano.

domingo, 13 de mayo de 2012

Barras: ¿Por casa cómo andamos?

El mundo del fútbol argentino se sorprendió esta semana con lo que debería ser regla y no excepción. Javier Cantero, presidente de Independiente, fue noticia porque enfrentó a la temida barrabrava que parasita el club de Avellaneda, tal cual como ocurre en la mayoría de los clubes del país. Cortó sus beneficios de los cuales gozaban sobretodo en la era Comparada y los barras obviamente reaccionaron, porque se les terminaba su juego y su negocio. Pero lo más rescatable, lo positivo, lo que da una luz de esperanza en este apocalíptico fútbol nacional, es que los socios e hinchas "comunes" de Independiente apoyaron a su presidente en esta embestida. Así, Cantero y los socios a los cuales representa compartieron la valentía de combatir a un grupo de personas que solamente reportan perjuicios para el club y para la sociedad en general, pero que habitualmente utilizan su poder político y su poder físico para mantenerse indemnes e impunes.
Por supuesto no alcanza con este acto individual para terminar con este flagelo del fútbol. Pero lo de Cantero puede funcionar como un golpe de efecto que despierte a los hinchas dormidos, que seguramente quieren un fútbol distinto al actual. No basta con el pasivo apoyo que recibió Cantero de políticos y otras personalidades, si bien es altamente positivo el rechazo de la opinión pública a las barras. Esta iniciativa debe ser acompañada por los demás clubes, con sus socios y dirigentes imitando las acciones para combatir esta enfermedad. Lo cual inevitablemente nos lleva a preguntarnos si algo así sería posible en Atlanta, cómo están dadas las cosas. El ascenso a la B Nacional desnudó el alto potencial de poder que tiene la barrabrava bohemia, con beneficios de entradas y transporte en los partidos de visitantes en el Interior. Al menos, la violencia parece contenida, en comparación con lo que ocurre en otros clubes. Pero no podemos esconder un problema que existe y que perjudica al club económicamente, además de alejar a las familias de la cancha. 
No podemos esperar que mágicamente la iniciativa de la dirigencia caiga del cielo. Ellos también tienen familias y vidas que conservar. Las ganas de combatir este mal debe nacer de todos los hinchas genuinos, de los socios. Sólo si estamos todos unidos y tenemos claro nuestro objetivo podremos lograrlo. No habrá un Libertador iluminado que venga a liberarnos.

domingo, 6 de mayo de 2012

Amparados por Desamparados

Atlanta volvió a jugar un muy mal partido como local, sigue sin poder ganar desde aquella hazaña ante River, pero increíblemente al mismo tiempo logró con este mísero punto salir de la zona de descenso directo. A seis fechas del final, con Brown de Madryn recuperado futbolísticamente y tres puntos arriba, la lucha será mano a mano con Desamparados y Chacarita. Una lucha que no premiará al mejor sino al "menos peor". Pese al pésimo momento por el que está pasando el Bohemio y pese a la pésima campaña realizada no sólo en las últimas fechas (ganó sólo un partido en lo que va del 2012) sino a lo largo de la temporada en general (30 puntos en 32 partidos), las chances de zafar del descenso directo y apostar a una Promoción para salvarse siguen intactas. Y todo porque Chacarita ya poco depende de sí mismo y porque Desamparados viene en pendiente negativa, con una racha incluso peor que la de Atlanta. Pensar que si no fuera por aquel triunfo sanjuanino en Villa Crespo estarían muertos. 
La mueca de tristeza mutó débilmente en esperanzadora sonrisa cuando los buenas noticias llegaban desde San Juan. La tranquilidad de saber que no estamos descendidos, pero la realidad es que Atlanta juega como si lo estuviera. O mejor dicho, juega para descender. La historia frente a Boca Unidos fue similar a otras películas que ya hemos visto en Villa Crespo este campeonato: un equipo impotente, sin fútbol, sin ideas, sin argumentos para ganar el partido. ¿Podrá jugando así el Bohemio lograr los puntos necesarios como para salvarse? Por lo pronto, hacer un gol parece una tarea imposible. En este 1-1 el gol sólo pudo llegar con un penal, convertido por Abel Soriano. El último gol del equipo había sido aquel de Lorefice en el Amalfitani. Lo peor de todo es que a Atlanta le cuesta muchísimo generar jugadas de peligro, y cuando las tiene las desperdicia. En este encuentro sólo tuvo dos a favor, en los primeros minutos del primer tiempo, en lo que era un tramo auspicioso del partido. Pero con la lesión de Mancinelli perdió a su pieza más peligrosa en ofensiva, y luego no pudo generar un solo ataque. Roldán, desorientado, ya probó de todo. Usó distintos esquemas, distintos jugadores. Esta vez le tocó el turno a Carou, que no jugaba en el club desde la Primera B Metro. El 10 manejó por momentos la pelota pero fue inofensivo. Mientras tanto, arriba Abel y Bielkiewicz no agarraban una. A ellos se sumaba un Galeano totalmente impreciso. 
La verdad es que antes de lamentarse por un empate que nos impide nuevamente un triunfo en casa, vale la pena decir que Atlanta estuvo mucho más cerca de perderlo que de ganarlo. Los correntinos, con el oficio de Visconti, complicaron mucho y tuvieron situaciones como para llevarse los tres puntos. La defensa bohemia tuvo otra actuación para el olvido y es preocupante porque no se supo suplir la ausencia de Nico Cherro. Para colmo, Milán llegó a las 10 amarillas, y Arancibia también se retiró lesionado. El futuro de Atlanta pinta oscuro, pero todavía puede dar pelea en la lucha por ser el menos peor.

sábado, 21 de abril de 2012

Éxodo de puntos

Los puntos se escapan. Se van, se esfuman, y las chances de permanecer en la categoría corren peligro. Las fechas corren, el tiempo se acaba. Y Atlanta pende de un hilo en esta B Nacional. No alcanza con la hazaña ante River, no alcanza con el buen rendimiento mostrado en Córdoba. El Bohemio debe aprender no solamente a hacerles frente a los grandes en esta categoría -algo que hizo bien en estas últimas fechas- sino también a ganar los partidos que tiene que ganar. Sin triunfos no habrá salvación, y el problema es que los triunfos se están escapando. 
Contra Gimnasia de Jujuy, al conjunto de Roldán le volvió a ocurrir lo mismo que frente a Patronato, Desamparados o Gimnasia de La Plata en Villa Crespo. Le cuesta cargar con la obligación de ser protagonista. Cuando el rival viene a Villa Crespo a impedir el juego, a cerrarse atrás y delegarle a Atlanta la responsabilidad de proponer y generar, surgen las dudas, los problemas que el Bohemio no ha sabido resolver.
El resultado fue una figura repetida, otro 0-0 para olvidar y para lamentar, para guardar en el baúl de las decepciones y de las chances fallidas. Había que ganar, no quedaba otra, y por eso Roldán apostó a un esquema más ofensivo, un 3-4-1-2 con los mellizos Soriano arriba y el pibe Sanabria de enganche. Así disolvió el 4-4-2 con el que el equipo había rendido satisfactoriamente los últimos encuentros. El técnico entendió que había que arriesgar frente a uno de los peores equipos del campeonato junto a Chacarita. Pero la realidad es que este Lobo jujeño algo cambió en comparación a aquel que se comió 4 contra el conjunto de Ghiso. Mario Gómez le dio su particular impronta y armó un equipo combativo, aguerrido, con un planteo inteligente, conservador, que no regala nada y complica pese a sus limitaciones futbolísticas. Se podría decir que Jujuy vino a Villa Crespo a jugar de la misma manera que Atlanta le jugó a River o Instituto. Es decir, el objetivo visitante era el empate. 
A Atlanta se le complicó demasiado el partido. De principio a fin, no supo cómo resolverlo. El espectáculo fue muy pobre porque el fútbol estuvo ausente. El Bohemio no tuvo la más mínima idea de cómo ganarlo. Intentó por abajo, pero no tuvo el talento ni la inspiración como para quebrar la férrea presión y la intensa marca jujeñas. Sanabria primero y Ramírez después no estuvieron a la altura de las circunstancias para conducir al equipo. Los Soriano estuvieron en un muy bajo nivel: Andrés se lesionó pronto mientras que Abel no pudo entrar en juego y además desperdió una oportunidad inmejorable en la última jugada del partido. Esta vez López y Lorefice no pudieron lucirse como en el Amalfitani. Los rendimientos individuales fueron en general muy bajos: Atlanta no apareció ni colectiva ni individualmente. Nuevamente en la defensa estuvo lo mejor del Bohemio: Milán se erigió en figura, acompañado por dos pilares como Quiles y Cherro. Es una muestra de lo que es Atlanta hoy, un equipo ordenado, afirmado defensivamente pero con una falta de gol realmente alarmante. La incapacidad para generar situaciones y la falta de acierto en la definición conspiran con la intención bohemia de mantener la categoría.

domingo, 15 de abril de 2012

La resistencia no duró hasta el final

Entonado por la resonante victoria ante River que llegó a las primeras planas y que puso en alto a un Atlanta acostumbrado este campeonato a los malos resultados, el conjunto dirigido por Carlos Roldán quería seguir haciendo historia presentándole un importante escollo al puntero del torneo, Instituto, en su casa cordobesa. El Bohemio mostró en Córdoba algunas de las virtudes que lo habían catapultado a la gran victoria del domingo pasado, pero no le alcanzó para llevarse un premio. Jugó dignamente, aguantó los embates del líder, pero la resistencia caducó a poco del final. Así, Instituto se llevó los tres puntos y Atlanta se fue con las manos vacías. Si bien anímicamente el equipo está intacto por el gran partido realizado y sobretodo por el buen rendimiento de los últimos encuentros, la realidad es que los promedios no dan tregua y los puntos se necesitan como agua en el desierto. Habrá que ganarle sí o sí al alicaído Gimnasia de Jujuy, y habrá que traer un buen resultado de Puerto Madryn.
Es verdad que algo cambió y para bien en Atlanta. Roldán de a poco fue ordenando el equipo y parece haber encontrado una base como para afrontar esta definitiva recta final. El equipo está más sólido, más convencido, con mayor firmeza en la defensa y el mediocampo. Sin lujos, sin asumir grandes riesgos, parado más bien de contragolpe y con la intención de no regalar espacios a sus rivales. Así pudo plantarse bien frente a muy buenos equipos como Defensa, River o Instituto, pero la gran deuda sigue siendo frente a aquellos rivales que no juegan de protagonistas. Atlanta ahora deberá encarar partidos diferentes en el juego, que no se van a presentar de la misma manera y en donde muchas veces la obligación de manejar la pelota e ir a buscarlo será de Atlanta.
A Córdoba el conjunto de Roldán fue con la idea de plantear el mismo partido que con River. Instituto fue superior y demostró porqué es el puntero. Jugó, atacó, generó situaciones, pero recién pudo quebrar la fuerte resistencia bohemia a pocos minutos del final del encuentro. La defensa visitante cumplió una gran actuación oponiéndose con gran sacrificio a los hábiles jugadores de ataque de La Gloria. Esta vez, el mediocampo bohemio no pudo hacerse tan fuerte como en River. Lorefice y Gabriel López metieron mucho pero perdieron bastante. Por eso Instituto pudo hacerse dueño de la pelota en el partido. En ofensiva, lo mejor de Atlanta se vio en la segunda ataque, cuando ingresaron Ramírez y Bielkiewicz y generaron las escasas situaciones de peligro bohemias. No alcanzaron los contragolpes para lograr otra hazaña: faltó definición. El sueño de Atlanta murió en la agonía y perdió la chance de volverse a Villa Crespo con un precioso punto.

domingo, 8 de abril de 2012

La Resurrección

Infinita alegría inunda los corazones bohemios en estos momentos. Qué fiesta, qué emoción. La felicidad es incomensurable, indescriptible. Es una alegría que revive aquellos buenos viejos tiempos de nuestra institución, hace varias décadas. Ganarle a River, volver a las primeras planas, y que resuene bien fuerte el nombre de Atlanta. Es cierto, estamos peleando la permanencia en la segunda categoría palmo a palmo, pero estamos vivos cuando parecíamos muertos, y esta increíble victoria nos revive más que nunca. Así es el fútbol, que te permite pasar de la tragedia a la gloria y viceversa en un instante. Hasta hace unas horas, el Bohemio era un equipo con certificado de defunción, último en los promedios, sin hacer pie en la B Nacional, sin ningún triunfo en este 2012, en plena crisis futbolística. Enfrente estaba el colosal River, con su plantel literalmente millonario, con estrellas de la talla de Trezeguet, Cavenaghi y Ponzio, peleando el ascenso y con el antecedente del 7-1 categórico de la primera rueda. Aquella goleada fue una terrible humillación para el pueblo bohemio, una espina clavada que sólo podía quitarse con un triunfo así, que ahora pone de rodillas a las Gallinas. Los hinchas riverplatenses seguramente esperaban otra fiesta, otra fácil goleada frente a un equipo evidentemente inferior. Pero se fueron en silencio, sorprendidos, con la derrota a cuestas y con el glorioso himno bohemio sonando de fondo en los parlantes del Amalfitani. Aquel himno que rememora a un Atlanta grande, para el cual ganarle a River no era una costumbre pero sí algo de lo que uno no podía extrañarse.
Nadie daba un mango por Atlanta y había razones para hacerlo. Más allá del 7-1 en el Nuevo Gasómetro, el conjunto de Roldán no había podido ganar en el año, dejando pasar varias buenas oportunidades para hacerlo, y parecía ir camino al descenso. Pero este partido fue distinto a todo. El Bohemio jugó un partidazo: a fuerza de garra y corazón, con un planteo inteligente, compensó las obvias diferencias futbolísticas que existen entre ambos equipos. Atlanta salió a no regalar ni un centímetro. Ordenado tácticamente, prolijo, no se tiró atrás pero no dejó resquicios para el juego de las individualidades visitantes. A partir de esta solidez colectiva y de un gran sacrificio individual, Atlanta logró asentarse en el partido, y por momentos controlar la pelota y animarse a más. Diez minutos intensos fueron determinantes para el desarrollo: primero Lorefice abrió el marcador con un golazo desde afuera del área, luego Cavenaghi desvió por arriba del travesaño el inexistente penal que cobró Echenique, y finalmente Ramiro Funes Mori se fue expulsado con justicia por último recurso. Con un hombre menos, River se fue con todo a buscar el empate. Pero Atlanta mantuvo el orden, aprovechó la ventaja numérica y aguantó heroicamente la ventaja en el marcador para llevarse tres puntos dorados. De contragolpe pudo haber hecho algún gol más y haber ganado con mayor comodidad, pero también se le pudo haber escapado la derrota. Esta vez, la suerte estuvo de nuestro lado.
Así como estos jugadores protagonizaron aquella dolorosa y vergonzosa derrota en San Lorenzo, hoy fueron héroes y ganaron con todos los méritos. Lorefice no sólo convirtió el golazo del triunfo: fue un león en la mitad de cancha y demostró toda su categoría y experiencia. Tuvo además como socio al sorprendente juvenil Gabriel López, que mostró buen manejo de pelota, liderazgo y recuperación en un mediocampo bohemio gigantesco. Enorme fue la tarea de la dupla central, Milán-Cherro, sacando todo por arriba y por abajo. Los Sorianos se mataron arriba. Todos dejaron hasta la última gota de sudor, fueron inteligentes, dieron lo mejor, y consiguieron este triunfo tan importante. Parece que material hay, que con mente y corazón todo puede cambiar. Que había más de lo que parecía que había.

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Dónde está el triunfo?

La pregunta que todos se hacen. ¿Y dónde está el triunfo bohemio? Todo este 2012 lo estuvimos esperando, y todavía no llegó. Así, sumando de uno, parece muy difícil salvarse del descenso, más allá de que los rivales no anden mejor. Atlanta desperdició demasiadas oportunidades para ganar, en los partidos más accesibles, jugando de local, teniendo chances para llevarse los tres puntos. Si no llegó ahora, ¿cuándo? ¿Contra River? ¿En Córdoba, frente a Instituto? Si Atlanta sigue vivo es porque todavía Brown y Chaca están en la misma línea de batalla, más por defectos de estos rivales que por méritos propios.
Gimnasia en Villa Crespo parecía ser el partido más accesible dentro de todo en esta seguidilla de cuatro partidos de la muerte. Además, el Bohemio había sabido vencer a los platenses en el Bosque en la primera rueda, ratificando una paternidad histórica y consiguiendo el primer triunfo en el campeonato. Esta vez no se cortó la racha frente al Lobo. Y eso que el conjunto de Troglio vino a Villa Crespo más bien a defenderse, sin mostrar las virtudes que se supone debería tener para estar en los primeros lugares de la tabla. Pero Gimnasia demostró en verdad porqué no está peleando el ascenso junto con los cuatro de arriba. Era un partido que Atlanta podía ganar, pero nuevamente apenas cosechó un punto, otro amargo 0-0 que ya se está volviendo costumbre en esta categoría. El empate fue más que justo por cómo se jugó el partido y por lo que hicieron ambos equipos: ninguno hizo demasiados méritos para ganarlo, pero el que estuvo más cerca fue Atlanta. Al fin y al cabo, Monetti terminó salvando más de una vez la valla tripera.
El encuentro fue trabado y cerrado en la primera etapa, pero en el segundo tiempo los cambios que hicieron los técnicos abrieron el juego. Con los ingresos de Guzmán, Sanabria y Nico Ramírez, Atlanta tuvo más ritmo, arriesgó más, fue más audaz y creó sus mejores chances, pero falló demasiado en la definición. Pudo haberlo ganado, es verdad, pero ya no nos alcanza con los hipotéticos. Necesitamos con urgencia los triunfos, el final del campeonato se acerca y encima ahora se vienen dos partidos frente a los dos primeros, equipos que en la primera rueda nos propinaron 11 goles.