martes, 5 de septiembre de 2017

ATLANTA 0 COLEGIALES 0

Luego de las campañas políticas y las elecciones, le llegó el turno al fútbol en Atlanta. Comenzó una nueva temporada, con Berscé como nuevo DT y con un plantel totalmente renovado. Esta vez, con un presupuesto menor y sin grandes nombres. Ya no veremos la jerarquía ofensiva y el recambio que había la temporada pasada, en la que, de todos modos, al Bohemio no le alcanzó para pelear mano a mano el ascenso. Berscé apostó por jugadores jóvenes y un sistema de juego audaz, con vértigo, la pelota al piso, y buscando el juego asociado. Claro que el fútbol necesita en todo esquema de intérpretes adecuados.
El rendimiento de Atlanta en su primera presentación fue aceptable, aunque no pudo superar a un débil Colegiales en Villa Crespo. Por momentos, el local intentó jugar bien, con la movilidad de sus jugadores de ataque. Miranda, el ex Fenix, fue lo más destacado en la generación de juego. Muchas de las jugadas de peligro pasaron por los pies de este intrépido enganche. El centrodelantero Martínez, ex CADU, también tuvo sus chances. El conjunto de Berscé falló en la definición: estuvo muy impreciso a la hora de convertir. Milton Giménez, suplente, es el único 9 tradicional del plantel: un cambio abrupto con respecto al torneo anterior en el que teníamos a Ramos, Altobelli y Dorregaray.
Si bien por momentos el equipo mostró una saludable actitud, no pudo sostener el ritmo todo el partido. A veces el juego se hizo de ida y vuelta, y eso posibilitó que Colegiales se arrimara en varias oportunidades, mostrando dudas en el nuevo arquero Lugo. En la defensa, que tuvo el debut del capitán-hincha Bianchi Arce, los dos laterales Bettini y Ochoa mostraron capacidad para la proyección más que para la marca. En el último tramo del partido, el Bohemio pareció quedarse físicamente y ya no pudo sostener el ritmo de ataque. Sin buen recambio, dejó la pelota en los pies del visitante, que pudo haber sorprendido sobre el final.
El empate no era el resultado que se pretendía para empezar el torneo, pero esto recién empieza. El sábado Atlanta tendrá un duro examen frente a uno de los candidatos, Platense, dirigido por Fernando Ruiz.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Triunfo de Renacimiento Bohemio

Después de años, meses y días convulsionados, finalmente se llevó a cabo la elección de autoridades y el socio eligió por segunda vez consecutiva a Gabriel Grecco como presidente de Atlanta. Como en 2014, el actual presidente superó a Pablo Trombert, candidato de Bohemios de Primera, aunque en esta oportunidad por una diferencia de votos mucho menor. ¿Cómo podemos interpretar los resultados de esta elección?
La mayoría de los socios se inclinó por la continuidad de una generación de dirigentes que, con varios cambios de nombres, lleva las riendas del club desde hace 12 años. La campaña de Renacimiento Bohemio no se centró en las promesas sino en los hechos, en remarcar lo logrado en materia institucional y social (la recuperación de la Sede, la reconstrucción del estadio, el crecimiento como institución). Haber estado trabajando desde los peores momentos del club, no contar con acusaciones de corrupción, son elementos que deben haber pesado en el voto de muchos socios que se inclinaron por ratificar la confianza en estos dirigentes.
En la otra vereda, Bohemios de Primera proponía un cambio abrupto, de 180 grados. La estrategia fue efectiva para captar el voto de muchos socios muy disconformes con la dirigencia actual, especialmente con los resultados futbolísticos. El gran punto débil para Renacimiento Bohemio fue y es el fútbol profesional. Sin buena producción en Celina, apenas un ascenso en 12 años que culminó con un rápido descenso, son mochilas pesadas difícil de llevar. Seguramente el desgaste del oficialismo y los últimos ascensos frustrados hayan sido las principales causas de los varios votos que pasaron a Bohemios de Primera de 2014 a 2017. 
La agrupación opositora, por otra parte, deberá analizar porqué no pudo triunfar cuando parecía que el cambio era inevitable. Apeló a una campaña extraordinaria, con un trabajo muy intensivo en eventos y redes sociales. Convocó a viejas glorias del club. Prometió volver a Primera. Quizá, en un club chico como Atlanta y que ha sufrido el desguace de mecenas y salvadores que han hecho negocios con el club, el socio elige votar al que conoce. Desconfía de lo desconocido, de los mesías, de las promesas grandilocuentes. Bohemios de Primera ha querido demostrar en su campaña que era una agrupación de Primera que venía a sacar de la B al club con mentalidad de la B.
Por otra parte, el terreno está también preparado para que una tercera agrupación esboce una alternativa diferente a las dos existentes. Si el oficialismo continúa su desgaste y la agrupación opositora no logra convencer al electorado que confíe en el cambio que propone, podría aparecer otra opción que entienda qué es lo que el socio quiere cambiar y qué es lo que quiere mantener. Claro que será difícil sobrevivir en esa delgada línea de la tercera posición en que oficialistas y opositores acusarán de ser funcionales a los otros. Esto es política, la misma historia desde hace miles de años, desde que los hombres peleaban con los dinosaurios, según Larreta.

lunes, 24 de julio de 2017

Vidas paralelas

Podemos realizar el siguiente ejercicio mental, únicamente con fines lúdicos: trazar una especie de paralelismo entre las vidas económico-político-institucionales del Club Atlanta y la República Argentina. La comparación será interpretada, sin dudas, como elogio o como afrenta en ambos de los bandos por igual, en tiempos de grieta bohemia y grieta nacional. Recordemos, es sólo un juego. A reclamar rigurosidad a otro lado.
Podríamos empezar nuestra historia con la quiebra de Atlanta, coincidente con la crisis económica del país durante la transición entre las décadas del '80 y del '90. Los noventa en Argentina estuvieron marcados por la fiesta menemista y en Villa Crespo también tuvimos a nuestro Carlos Saúl. Si hubo que achicar el club y vender la sede para sobrevivir, el Estado argentino también se redujo con la privatizaciones. La fiesta duró unos años. Disney y la ilusión de volver a Primera con un mecenas que escondía la realidad de un club no sustentable. Pronto la crisis estalló de nuevo. Para el país fue de golpe y de manera traumática. 2001. Atlanta evidenció su deterioro institucional: sin sede social, con un estadio pronto a ser inutilizado, sin conducción, sin recursos, y cerca de la Primera C. 
Después de tocar fondo, Argentina tuvo a Duhalde y Atlanta tuvo a Moreno. La antesala a una etapa de mayor estabilidad institucional. Llegó la era K. Más de una década de un mismo color político. Tanto el discurso kirchnerista como el del oficialismo bohemio se sustentan en remarcar el resurgimiento luego de una gran crisis. Lógicamente, después de tantos años, el oficialismo llega desgastado y en la otra vereda aparece un Cambio. Al igual que el macrismo, el discurso opositor diagnostica que en estos años se debió haber logrado mucho más de lo que se logró. 
El socio dirá si le otorga continuidad al proceso actual, extendiendo la era K por otro período, o si, al igual que el 51% de los argentinos, se decide por cambiar de rumbo. La ventaja es que ya tenemos dos años de ventaja para ver cómo viene la mano.

sábado, 8 de julio de 2017

Balance futbolístico de otra decepción

Una nueva temporada en que Atlanta no consiguió su único objetivo posible: ascender a la B Nacional. Desde el último descenso en 2012, peleó por el ascenso en 5 de los 6 torneos disputados, terminando entre el segundo y el cuarto puesto de la tabla. Cuatro veces pereció en la primera ronda del Reducido y tuvo su chance de ascender con un triunfo en una última fecha. Siempre en Villa Crespo. La desolación, la bronca de los hinchas es lógica. Duele acercarse al éxito y no poder conseguirlo.
El arranque del equipo en este 2016/17 fue a pura ilusión. Con la llegada de Fernando Ruiz como entrenador y el armado de un plantel plagado de jugadores de jerarquía en ofensiva, Atlanta parecía apostar a llevarse a todos por delante. La irreverencia de Guri García, el desequilibrio de Peralta, la sorpresiva aparición de Dorregaray, el aporte goleador de Ramos, las promesas de goles de Pons, la clase de Ezequiel Rodríguez en su nueva posición de volante central. Había material para creer. Sin embargo, pronto el poderío ofensivo decayó y persistieron los problemas defensivos. Atlanta entró en el terreno de la total irregularidad, sin encontrar el equipo, el esquema, la idea de juego. Nunca pudo resolver sus problemas defensivos y su bajísimo rendimiento en Villa Crespo, donde perdió y empató partidos increíbles, ante rivales débiles.
Las performances individuales también bajaron su nivel. Peralta fue el caso emblemático en este sentido: clave en la primera etapa, intrascendente al final. La ida de Rodríguez también le agregó una cuota fatídica: Atlanta perdió mucho con su salida ya que era un volante con quite, presencia y manejo de la pelota. Algo que Seijas y Guerra no pudieron aportar ni sumados los dos. La llegada de Duró al banco por momentos dio esperanzas, y Atlanta entregó un par de buenas actuaciones, pero también mostró las peores versiones del equipo de Ruiz.
El final fue cantado. El Bohemio no jugó a nada, como en casi todo el campeonato en Villa Crespo, salvo el gran partido que le ganó al campeón Morón, jugando como si fuera una final. La misma actitud con que encaró el encuentro de Copa Argentina ante los sanjuaninos. No se vio el mismo Atlanta en el partido más importante, los cuartos de final del Reducido. Había que empatar.

martes, 4 de julio de 2017

ATLANTA 0 ESPAÑOL 1

Una mancha más al tigre. Un nuevo capítulo del interminable compendio de frustraciones bohemias en los mano a mano por el ascenso a la B Nacional. Casi dos décadas en que las historias se vuelven a reescribir. Ya más como comedia que como tragedia.
Un empate le bastaba a Atlanta para pasar a las semifinales. Era local. Tenía todas las de ganar. En teoría. También sabíamos que en Villa Crespo este equipo siempre la tuvo muy complicada y le costó conseguir resultados. Sin ir más lejos, le había tocado perder contra el mismo rival hace no mucho, en la misma cancha. Este martes se vio de lo peor de este Atlanta irregular, inestable. Pero tampoco fue nada nuevo. La misma impotencia, la misma fragilidad habían sido elementos presentes en partidos anteriores. Varias veces. El visitante se pone en ventaja en su primera llegada y después hay que remontarlo, con los nervios y una mochila pesadísima. ¿Cuántas veces leímos esa historia este torneo? En todo el campeonato el Bohemio no pudo solucionar su alarmante debilidad defensiva. Sin embargo, esta vez no apareció la jerarquía de los jugadores, ni que hablar de la contundencia ofensiva que apenas fue un espejismo en el principio de la temporada. Estuvieron todos en la cancha. Duró los juntó a todos en un segundo tiempo en que acumuló delanteros y jugadores creativos. Ramos, Dorregaray, Pons, Barría, García y Peralta juntos. Ni una chance clara para encontrar ese gol que otorgaba la clasificación. ¿Del lado de Español? Un equipo limitado pero inteligente, práctico, compacto, con plena confianza anímica y táctica. Un Amarilla que hizo las veces de Messi, autor del gol y absolutamente imparable. Si la actuación colectiva de Atlanta no estuvo a la altura de las circunstancias, los rendimientos individuales fueron paupérrimos. No se salvó ni uno de los jugadores de campo. Todo lo que tenía que hacer el conjunto de Duró para quedarse afuera lo hizo. Todo lo que temíamos que podía pasar pasó. La confianza y las ilusiones depositadas en función de los buenos méritos de un equipo que algo hizo para salir tercero en la tabla fueron fulminadas. Otra maldita frustración que cuesta digerir.

lunes, 5 de junio de 2017

¿Identidad futbolística?

En el medio del fútbol, se suele dar por sentado que cada club tiene cierta identidad futbolística, una tradición histórica que debe ser respetada y que representa distintivamente a la institución en materia de fútbol. Una manera de jugar, un espíritu de juego. Puede tener aspectos tácticos, anímicos o técnicos. Pero ¿existe tal cosa? ¿Es chamuyo? ¿Un invento? ¿Una exageración? ¿Un mito?
Muchas veces tales tradiciones se sustentan en la memoria de algún (o algunos) equipo glorioso en la historia del club. Sin embargo, a lo largo de las décadas, cambian los dirigentes, los jugadores, los técnicos y los hinchas. La única forma de que una tradición futbolística se conserve es el riguroso control ciudadano, el reclamo popular. Además, debe haber una dirigencia y un DT que le den sentido a esa pertenencia a una tradición identitaria. No son muchos sin embargo los casos de clubes en el fútbol argentino que puedan ostentar una identidad histórica tan clara y vigente. Boca, River, Independiente, Estudiantes, Argentinos, son los ejemplos más emblemáticos, cada uno con su estilo particular.
En el resto de los clubes (o sea, la gran mayoría), la cuestión de la identidad se vuelve más amorfa y confusa. No hay elementos para definir una tendencia histórica constante, repetida a lo largo de generaciones como si se tratara de un rito sagrado. Los hinchas, sin embargo, en su espíritu más romántico asocian a su propio equipo con una identidad relacionada con el poder ofensivo, con el ataque, la búsqueda. Claro que la elección de una forma de jugar no tiene porqué, racionalmente, estar relacionada con una supuesta identidad del club al que representa un equipo, sobretodo en este tiempo de contratos efímeros y jugadores trotamundos. Los jugadores y técnicos son empleados circunstanciales de un club y su obligación es trabajar en pos de un objetivo, no hacer las veces de sacerdotes del culto.
¿La identidad futbolística existe? Si existe ¿tiene algún valor? ¿Es algo deseable? ¿O puede ser un lastre, una mochila pesada? Mientras tanto, propongo el ejercicio mental de pensar cuál sería la identidad de Atlanta, si la tuviera. Si nos tuviéramos que apoyar en los grandes equipos de Atlanta, más allá del "aislado" campañón de 1973, los mejores años bohemios en fútbol fueron entre el ascenso de 1956 y la primera parte de la década del '60. En ese período de enorme crecimiento institucional, Atlanta se coló varias veces entre los primeros puestos del campeonato, ganó la Copa Suecia y sacó de sus inferiores grandes estrellas. Lamentablemente, no hay manera de comprobar cuál era la idea de juego de los equipos de esa época brillante. ¿Qué era lo que lo distinguía de los demás? ¿Era más ofensivo? ¿Tenía mejores jugadores de ataque? Por lo pronto, podemos decir que en esa época el Bohemio fue el laboratorio de Osvaldo Zubeldía, un maestro innovador de cuya escuela nacieron las últimas tres finales mundiales disputadas por la Selección argentina. Y en ese equipo jugaba Carlos Timoteo Griguol, otro maestro del fútbol nacional. Zubeldía y Griguol realzaron la táctica, la rigurosidad y la estrategia como herramientas de los humildes para darles pelea a los más poderosos, a los que pueden sacar la billetera y hacerse de los mejores jugadores. Justamente ese Atlanta de los '60 irrumpió en un escenario dominado por los grandes.
Quizá, sólo quizá, si es que existe algo así como la identidad futbolística de un club, haya que empezar por ahí para saber de dónde venimos. Es sólo una idea.

ATLANTA 1 T.SUÁREZ 1

El empate con gusto a poco obtenido en el partido número 1000 en el León Kolbowsky fue una buena síntesis del ciclotímico e irregular andar de Atlanta en este campeonato. En el primer tiempo, el Bohemio fue un equipo gris, sin alma, sin ideas de juego. Débil en defensa, ofreció oportunidades a un visitante que jugó mejor y supo aprovechar para ponerse en ventaja. El equipo de Duró no llegó en toda la primera parte. Los delanteros no se conectaron con el juego, García y Peralta estuvieron en un muy bajo nivel. En el medio, Previtali volvió a brindar una pálida imagen y Seijas no logró hacerse dueño de la cancha. Sin mediocampo y sin inspiración ofensiva, díficil atacar con peligro. En el segundo tiempo, el técnico metió dos cambios de una, evidenciando que el equipo necesitaba cirugía mayor para intentar dar vuelta la historia. Se la jugó por dos rapiditos como Barría y Tolosa, mientras Suárez se dedicó a conservar la ventaja que había conseguido. La producción en la segunda parte fue mucho mejor, con una gran actuación del Rayo Barría que revitalizó al equipo y asistió a Dorregaray para marcar el empate. Mereció incluso la victoria.
En un torneo que tiene a Morón como virtual campeón, lo único que queda es luchar por el segundo ascenso en un Reducido que ya tiene a Atlanta muy cerca de la clasificación. El Bohemio tiene material para ascender pero necesita mejorar su funcionamiento, alcanzar la regularidad que nunca encontró en todo el campeonato. El equipo es una caja de sorpresas, capaz de poner de rodillas al más fuerte y caer ante el más débil. La cuestión parece pasar más por lo anímico e individual que por lo táctico, ya que han pasado los esquemas, jugadores en distintas posiciones, y no hay solución. Gómez puede salvar con sus atajadas como ser responsable de goles evitables. La defensa alterna partidos de firmeza con días de hot sale. En el medio, la ausencia de Rodríguez se siente mucho. García y Peralta son jugadores desequilibrantes, de jerarquía, pero muchas veces están apagados. Los delanteros no están enchufados con el gol.