Después de siete años, Atlanta volverá a jugar en la B Nacional. Fueron tiempos de muchas frustraciones acumuladas y la celebración fue acorde a la larga espera. Luego de una corta estadía en la segunda categoría en la 2011/12, el Bohemio se propuso volver pronto al Nacional. Lograba ser protagonista, pero se quedaba en el camino antes de tiempo. En 2013, 2014, 2015, 2017 y 2018 terminó lejos del ascenso directo y quedó eliminado en la primera fase del Reducido, siempre definiendo como local. En 2016 sufrió su mayor decepción al perder el ascenso en la última fecha, en Villa Crespo, a cancha llena. Pero el fútbol dio revancha esta temporada y los hinchas pudieron pasearse por el barrio celebrando el tan anhelado ascenso.
El torneo empezaba con una gran ilusión para los hinchas de Atlanta. El Pepe Castro, el ídolo, volvía al club como entrenador y se armó un plantel muy competitivo, con nombres importantes como los de Fernado Enrique y Miguel Caneo. Se sumaban a la joven base del torneo anterior, de pálida campaña, y con poco protagonismo en la primera parte del campeonato pero con intervenciones relevantes sobretodo en el ciclo de Orfila. Atlanta arrancó como candidato y tres victorias iniciales que daban lugar a ilusionarse con un equipo generoso y ambicioso. Sin embargo, pronto la estantería se derrumbó con dos derrotas muy duras ante Riestra y Acassuso. Empezaron también las sospechas y un clima enrarecido a partir de los arbitrajes, que en partidos puntuales beneficiaron a los clubes de los influyentes Víctor Stinfale y Pipo Marín. El Pepe puso el grito en el cielo y a partir de ahí Atlanta vivió el campeonato como una hazaña propia contra el poder de turno. Con triunfos resonantes como una increíble remontada a Estudiantes en tiempo de descuento tras ir perdiendo 3-1 y el contundente paseo de Colombini y compañía por Monte Castro, Atlanta recuperó la memoria futbolística y la ilusión. El equipo volvía a estar sólido, confiado, con momentos de buen juego, y terminó la primera rueda a la expectativa de luchar por el título. Ya no dependía de las astucias del iluminado Horacio Martínez para convertir sino que también aparecía Colombini para ganarse su lugar en el equipo y en la tabla de goleadores.
En el receso llegaban las buenas noticias. Por reestructuración, había cuatro ascensos directos, por lo que las chances de subir se multiplicaban. Comenzaba una lucha encarnizada entre los cinco equipos protagonistas del campeonato. Pero Atlanta empezaba el 2019 entrando en su peor momento futbolístico del torneo. Con grandes debilidades defensivas, el equipo se derrumbaba, desorientado, y los malos resultados se sucedían al tiempo en que los puestos de ascenso se alejaban. El Pepe, que prácticamente había armado un equipo que se sabía de memoria, no encontraba respuestas. Los rendimientos individuales eran muy bajos y el equipo no aparecía. ¿Podía el Bohemio desperdiciar esta inmejorable chance de ascender a la B Nacional? Castro dio el portazo después de ganar solamente uno de siete partidos en el 2019 y llegó Alejandro Orfila con una receta distinta para intentar revivir a un Atlanta destruido anímicamente, sin confianza. Y el uruguayo lo logró. Empezó el ciclo con dos empates en partidos complicados y ganó un partido clave frente a All Boys en Villa Crespo. A partir de allí, el camino se le abrió. El Bohemio se recuperó en la tabla de posiciones gracias a una seguidilla de muy buenos resultados y el mal momento de Acassuso. Así, gracias a este sprint final, terminó ascendiendo a dos fechas del final, algo impensado cuando asumió el nuevo DT. Los números son claros: con Orfila su equipo ganó 7 encuentros y empató 4. No perdió ninguno. ¿Cómo lo hizo posible? Algunos cambios tácticos fueron fundamentales. Tras la ida de Caneo, una fija en el 4-3-1-2 del Pepe, el nuevo entrenador optó preferencialmente por un 4-3-3, sin enganche, y con extremos muy activos en la recuperación defensiva. En defensa, sacó al capitán Cherro y armó la dupla central Pérez-Tecilla. La defensa, el punto débil en todo el torneo, se afirmó con gran solidez. Rago se convirtió en gran figura y sigue ostentando el récord de valla invicta en el club: 893 minutos sin recibir goles. Un dato impresionante es que el conjunto de Orfila sólo recibió dos goles en contra en 11 encuentros. Los jugadores recuperaron la confianza y creyeron que podían ganar el ascenso. Atlanta brilló poco pero fue muy efectivo, y con el cero en el arco, llegaron muy buenos resultados. Y el ansiado ascenso a la B Nacional.
domingo, 12 de mayo de 2019
sábado, 4 de mayo de 2019
ATLANTA 3 COLEGIALES 0
El Bohemio quedó a un paso de la B Nacional. En su cancha su público deliró en una fiesta con la contundente goleada que le propinó a Colegiales y podrá ascender este mismo lunes si Acassuso no gana su partido. Las matemáticas todavía no son determinantes pero están de nuestro lado: con sumar un punto más, Atlanta se asegurará uno de los cuatro puestos de ascenso directo. Fue un mediodía perfecto en Villa Crespo, en el que el local consiguió lo que había venido a buscar. Colegiales le planteó inicialmente un partido peleado. Como en los últimos encuentros, a Atlanta le costaba ser preciso, llegar con profundidad. Pero era más, por intención, por voluntad, y por manejo de la pelota. El juego estaba cerrado y se abrió con un centro de Figueira y un cabezazo imposible de Colombini, que la colocó en el ángulo para hacer estallar las gargantas bohemias. Ahí comenzó la gran ráfaga de goles que liquidó el partido en ese mismo primer tiempo. Poco después, Figueira comandó el contragolpe, enganchó y definió de derecha a un palo para aumentar la cuenta. El ex Tigre venía de pocas y pobres actuaciones en el torneo, pero Orfila le dio la chance tras las lesiones de Ochoa Giménez y Colitto. Hoy la rompió siendo partícipe de las mejores situaciones de peligro de su equipo. Los hinchas no habían terminado de festejar el gol de Figueira cuando Colombini se filtró por derecha y asistió a Horacio Martínez, que se tiró de palomita hacia el tercero. 3-0 en un vendaval de goles en 10 minutos que prácticamente valen un ascenso. El segundo tiempo estuvo de más. Colegiales poco pudo hacer para hacer peligrar la victoria local: la diferencia era grande, los tres goles habían sido letales. Atlanta durmió el partido, tranquilo con el marcador. El arquero Rago, otra vez importante, lleva más de 800 minutos sin recibir goles y ya es récord para el club. Una de las claves de este momento exitoso. También los goles de la dupla Colombini-Martínez, que ya son 33, el mismo número que habían conseguido los mellizos Soriano en la 2010/11. Hoy son todas sonrisas en Villa Crespo, esperando el ansiado momento del ascenso a la B Nacional.
sábado, 6 de abril de 2019
ATLANTA 0 SACACHISPAS 0
Después de tres victorias consecutivas que invitaban a la ilusión y que pusieron a Atlanta en puestos de ascenso directo, el Bohemio frenó su marcha al no poder superar a Sacachispas en Villa Crespo. Era una linda oportunidad para quizá seguir ampliando la diferencia, pero no jugó mejor que su rival y apenas empató 0-0. El partido fue flojo, trabado, peleado. El Lila se la puso difícil al equipo de Orfila, demostrando su buen momento (venía de cuatro triunfos al hilo). Con presión alta y buen manejo de la pelota, mantuvo por un buen tramo el juego lejos de su arco. Si bien atacó poco, tuvo la más clara del partido en un contragolpe que terminó en el travesaño, en la que Atlanta se salvó de milagro de no irse derrotado. Orfila, como de costumbre, metió varios cambios en el once inicial. Bettini por el lesionado Molina. Seijas y Ochoa Giménez volvieron al mediocampo, Miranda fue el conductor y arriba la temible dupla Martínez-Colombini. 4-3-1-2. Sin embargo, al Bohemio le costó armar juego. Miranda apareció muy poco y Enrique estuvo impreciso. Todo el equipo en realidad estuvo impreciso a lo largo de todo el encuentro. Pases que no llegaban a destino, pelotas que rebotaban en los delanteros. No había conexión, no había sorpresa ni cambio de ritmo. Además de la pobreza de ideas de Atlanta, mucho tuvo que ver la muy buena labor de Sacachispas, que se mostró sacrificado, solidario, ordenado, muy aplicado a la marca. Siempre había uno de ellos encima de uno de los nuestros. No los dejaban patear. Y sacaron para afuera todos los centros que llegaron al área. Así se hizo muy difícil entrarles, por más que Atlanta lo intentó en todo el partido. Pero produjo pocas situaciones a su favor. Las dos más claras las tuvo Colombini en sus pies. Orfila metió los cambios cantados: Colitto por Ochoa Giménez y Mazzanti por Miranda. El ex Tigre desequilibró en un par de ocasiones pero no pudo encontrar a sus compañeros de ataque. Faltó contundencia para meterla adentro y el objetivo era llevarse los tres puntos, pero nuevamente se repitió el resultado de la primera rueda. ¿Repetirá con una victoria en Casanova?
martes, 2 de abril de 2019
ATLANTA 3 UAI URQUIZA 0
Cambiaron las caras en Villa Crespo. De la desolación y la decepción al ver cómo el ascenso se alejaba, a este presente que ilusiona. Se dio vuelta la tortilla: con tres victorias consecutivas y cinco sin perder desde la llegada de Orfila al banco, el Bohemio accedió al tercer puesto y le sacó cinco puntos de ventaja al quinto, Acassuso. Atlanta recuperó su lugar en la tabla y recuperó también la fe, la confianza. Consiguió una importante victoria en el partido pendiente ante UAI Urquiza, un rival complicado y que pelea por entrar al Reducido. Orfila volvió a armar un 4-3-3 para jugar de local, incluyendo a Mazzanti y Pedrozo por los extremos y dejando afuera del once a Colombini y Miranda. Además, dispuso los regresos de Previtali y Colitto. La salida de jugadores con buenos rendimientos en partidos anteriores sorprendió a unos cuantos. Pero se ve que al entrenador, a diferencia del Pepe Castro, no es fan de los "once de memoria", incluso después de buenos resultados. El conjunto de la secta Moon salió a jugar el partido con un propósito claro: circular la pelota, jugar por abajo, de manera prolija, desde su propio arco. A Atlanta esto le impidió monopolizar la pelota y le quitó protagonismo en el partido. UAI por momentos complicó con su juego. Pero el Bohemio apostó a la presión alta y logró capitalizar un error, una fallida salida del visitante, para abrir el marcador: buen centro de Martínez para Colitto que se tiró con todo al gol. La UAI asumió este riesgo y lo pagó. Más allá de que no fue un partido cómodo para Atlanta, ya que en algunos tramos el rival lo logró poner en aprietos, el equipo de Orfila siguió intentando sorprender robando una pelota y saliendo rápido de contra. Los ingresos de Colombini y Seijas fueron muy importantes. El delantero aportó toda su jerarquía y nada menos que dos goles de su autoría para liquidar el encuentro. Seijas le dio equilibrio al mediocampo y fue un freno para las aspiraciones de la UAI. Los de Bassedas se fueron al ataque, dejaron muchos espacios, y Atlanta aprovechó los contragolpes para lastimar. El 3-0 fue quizá un resultado demasiado abultado para lo que fue el desarrollo. Pero Atlanta ganó bien, tuvo otra actuación sólida y le dio a su gente la alegría que habían venido a buscar.
sábado, 23 de marzo de 2019
ATLANTA 1 ALL BOYS 0
El Gran León se tiñó de fiesta y esta vez el equipo entregó una gran victoria para celebrar e ilusionarse. Después de dos empates que dejaron un sabor amargo, Orfila consiguió su primer triunfo como DT del Bohemio, y su equipo volvió a ganar después de una mala racha que lo había alejado de los puestos de ascenso. Ahora, Atlanta quedó a uno de Acassuso, con un partido menos. Las chances están intactas y el equipo demostró que está vivo, que quiere pelear. Ésta era otra prueba de fuego, no por el pálido presente de All Boys sino justamente por lo que significa el rival: por la rivalidad de las últimas décadas y porque de hecho no se le ganaba como local desde 1988. La gente terminó festejando en el estadio y en las calles de Villa Crespo. Volvió a creer.
Orfila sorprendió a muchos con la alineación que presentó. No por el esquema, que volvió a ser el 4-3-3 convertible a 4-5-1 que había dispuesto contra Barracas, sino por las salidas del capitán Nico Cherro y del destacado Previtali, que venía de un flojo partido en la Isla Maciel. La salida de Cherro podía entenderse a partir de sus últimas malas actuaciones y del mal momento de la defensa. Algo había que tocar abajo. Se podría decir, a juzgar por el juego y el resultado, que el DT esta vez acertó. Atlanta no se lució pero fue siempre más que un pobre y limitado All Boys, que nunca pudo hacerse del control del partido y generó muy poco en el arco de Rago. Al Bohemio le costó llegar con claridad, pero tuvo la iniciativa. Por momentos se vio el equipo dinámico y agresivo del primer tiempo ante Barracas. Mazzanti desequilibró varias veces por derecha en la primera mitad. Se vio un Atlanta ordenado, más firme en defensa y con actitud. Tras el penal convertido por Colombini, algo sufrió pero no demasiado. Orfila decidió no modificar demasiado la estructura táctica del equipo. El ingreso de Colitto fue positivo para darle oxígeno al mediocampo. Alan Pérez y Tecilla tuvieron un gran partido en la zaga central. Seijas y Ochoa empezaron con algunas dudas pero terminaron siendo fundamentales para aguantar un resultado cuando Atlanta cargaba con el karma de no poder sostener el marcador en partidos anteriores. Esta vez se le dio. Pudo aferrarse al triunfo y le dio una alegría a la gente. Ojalá sea como aquel partido de la primera rueda, que significó el inicio de una muy buena racha que lo dejó tercero.
Orfila sorprendió a muchos con la alineación que presentó. No por el esquema, que volvió a ser el 4-3-3 convertible a 4-5-1 que había dispuesto contra Barracas, sino por las salidas del capitán Nico Cherro y del destacado Previtali, que venía de un flojo partido en la Isla Maciel. La salida de Cherro podía entenderse a partir de sus últimas malas actuaciones y del mal momento de la defensa. Algo había que tocar abajo. Se podría decir, a juzgar por el juego y el resultado, que el DT esta vez acertó. Atlanta no se lució pero fue siempre más que un pobre y limitado All Boys, que nunca pudo hacerse del control del partido y generó muy poco en el arco de Rago. Al Bohemio le costó llegar con claridad, pero tuvo la iniciativa. Por momentos se vio el equipo dinámico y agresivo del primer tiempo ante Barracas. Mazzanti desequilibró varias veces por derecha en la primera mitad. Se vio un Atlanta ordenado, más firme en defensa y con actitud. Tras el penal convertido por Colombini, algo sufrió pero no demasiado. Orfila decidió no modificar demasiado la estructura táctica del equipo. El ingreso de Colitto fue positivo para darle oxígeno al mediocampo. Alan Pérez y Tecilla tuvieron un gran partido en la zaga central. Seijas y Ochoa empezaron con algunas dudas pero terminaron siendo fundamentales para aguantar un resultado cuando Atlanta cargaba con el karma de no poder sostener el marcador en partidos anteriores. Esta vez se le dio. Pudo aferrarse al triunfo y le dio una alegría a la gente. Ojalá sea como aquel partido de la primera rueda, que significó el inicio de una muy buena racha que lo dejó tercero.
viernes, 15 de marzo de 2019
ATLANTA 1 BARRACAS 1
Los pronósticos eran muy desfavorables. Con un nuevo DT: Alejandro Orfila reemplazó al Pepe Castro en la semana y apenas tuvo un par de entrenamientos. Con muchas bajas: a la rescisión de contrato de Caneo se sumaban las lesiones de Colitto, Martínez y Milton Giménez, y la suspensión de Previtali. Y principalmente con un equipo derrumbado anímicamente, en una muy mala racha futbolística, con resultados desalentadores. El panorama era el peor para recibir al indiscutible puntero de la categoría, un Barracas Central imparable que parece imposible de vencer y que se encamina irremediablemente hacia el título y ascenso con varias fechas de anticipación.
Sin embargo, esto es fútbol. Y muchas veces los cambios de entrenador significan una inyección anímica para los jugadores. Orfila movió el tablero y dispuso una táctica novedosa para este plantel, acostumbrado al 4-3-1-2. El uruguayo paró un 4-3-3, que por momentos se transformó en un 4-5-1 ya que Mazzanti y Pedrozo hicieron prácticamente toda la banda, y Enrique y Ochoa Giménez haciendo de interiores. En el primer tiempo se vio un Atlanta muy enchufado, convencido. Con actitud y un enorme sacrificio físico, logró emparejar e incluso superar a Barracas. El visitante apostaba al juego por abajo, al atrevimiento de su gran figura Valenzuela, pero el Bohemio lo mantenía a raya a costa de un gran esfuerzo, con la idea de no perder el orden. Arriba, el objetivo era intentar sorprender y lastimar. Así, el conjunto de Orfila generó las situaciones más peligrosas. Y convirtió dos goles, aunque el primero se lo anuló insólitamente Yael Falcón por una falta inexistente de Colombini sobre Elías Gómez. Las imágenes ya recorren el mundo retratando el increíble fallo que benefició al club del presidente de la AFA. Otra vez lo mismo. ¿Los nervios? ¿La desesperación de verse nuevamente perjudicado por un arbitraje? ¿Un nuevo robo? No era bueno el panorama. Pero Atlanta entendió que podía ganarlo y siguió insistiendo. Armó una gran jugada con desborde de Molina y Ochoa Giménez, el renacido, apareció para poner el 1-0 que hizo estallar Villa Crespo.
Ahora quedaba lo más difícil: mantener el resultado frente a un rival muy peligroso. El segundo tiempo encontró a Barracas decidido a torcer la historia. Abriendo la cancha, con un fútbol de alto vuelo y Valenzuela indomable. Atlanta se veía desbordado, no tenía respuestas. El gran desgaste físico del primer tiempo se empezaba a sentir. Los jugadores no daban más, no podían seguir contrarrestando la superioridad futbolística de Barracas con sacrificio. Dos tiros en los palos eran una advertencia clara. También mostraban que quizá esa noche la suerte podía estar de nuestro lado. Orfila metió mano y se decidió a desarmar el 4-3-3 para incluir más jugadores de marca. Finalmente terminó jugando con un 5-4-1, totalmente volcado a aguantar el resultado con uñas y dientes. Pero sobre el final, llegó el empate de Barracas. Un empate que le daba más justicia al marcador. Una pena para Atlanta porque un triunfo así hubiera significado un empujón muy grande. Nuevamente el Bohemio no pudo sostener una ventaja, como le pasó este año ya con San Miguel, Riestra y Flandria. Al menos el equipo demostró que está vivo y que puede dar pelea, aunque la urgencia de victorias se sigue haciendo cada vez más grande. Ahora toca un rival complicado: el entonado San Telmo en la Isla.
Sin embargo, esto es fútbol. Y muchas veces los cambios de entrenador significan una inyección anímica para los jugadores. Orfila movió el tablero y dispuso una táctica novedosa para este plantel, acostumbrado al 4-3-1-2. El uruguayo paró un 4-3-3, que por momentos se transformó en un 4-5-1 ya que Mazzanti y Pedrozo hicieron prácticamente toda la banda, y Enrique y Ochoa Giménez haciendo de interiores. En el primer tiempo se vio un Atlanta muy enchufado, convencido. Con actitud y un enorme sacrificio físico, logró emparejar e incluso superar a Barracas. El visitante apostaba al juego por abajo, al atrevimiento de su gran figura Valenzuela, pero el Bohemio lo mantenía a raya a costa de un gran esfuerzo, con la idea de no perder el orden. Arriba, el objetivo era intentar sorprender y lastimar. Así, el conjunto de Orfila generó las situaciones más peligrosas. Y convirtió dos goles, aunque el primero se lo anuló insólitamente Yael Falcón por una falta inexistente de Colombini sobre Elías Gómez. Las imágenes ya recorren el mundo retratando el increíble fallo que benefició al club del presidente de la AFA. Otra vez lo mismo. ¿Los nervios? ¿La desesperación de verse nuevamente perjudicado por un arbitraje? ¿Un nuevo robo? No era bueno el panorama. Pero Atlanta entendió que podía ganarlo y siguió insistiendo. Armó una gran jugada con desborde de Molina y Ochoa Giménez, el renacido, apareció para poner el 1-0 que hizo estallar Villa Crespo.
Ahora quedaba lo más difícil: mantener el resultado frente a un rival muy peligroso. El segundo tiempo encontró a Barracas decidido a torcer la historia. Abriendo la cancha, con un fútbol de alto vuelo y Valenzuela indomable. Atlanta se veía desbordado, no tenía respuestas. El gran desgaste físico del primer tiempo se empezaba a sentir. Los jugadores no daban más, no podían seguir contrarrestando la superioridad futbolística de Barracas con sacrificio. Dos tiros en los palos eran una advertencia clara. También mostraban que quizá esa noche la suerte podía estar de nuestro lado. Orfila metió mano y se decidió a desarmar el 4-3-3 para incluir más jugadores de marca. Finalmente terminó jugando con un 5-4-1, totalmente volcado a aguantar el resultado con uñas y dientes. Pero sobre el final, llegó el empate de Barracas. Un empate que le daba más justicia al marcador. Una pena para Atlanta porque un triunfo así hubiera significado un empujón muy grande. Nuevamente el Bohemio no pudo sostener una ventaja, como le pasó este año ya con San Miguel, Riestra y Flandria. Al menos el equipo demostró que está vivo y que puede dar pelea, aunque la urgencia de victorias se sigue haciendo cada vez más grande. Ahora toca un rival complicado: el entonado San Telmo en la Isla.
sábado, 9 de marzo de 2019
ESTUDIANTES 3 ATLANTA 1
Dolorosa, triste, terrible derrota de Atlanta, que en los 7 partidos jugados en este 2019 sólo sumó 6 puntos y recibió 12 goles. Ya no preocupa que los rivales ganan y se alejen, que el puesto de ascenso directo haya quedado en el pasado. Preocupa sobretodo el nivel del equipo, que no da respuestas futbolísticas pero especialmente anímicas. Atlanta está derrumbado, deshecho. Se había ilusionado con un equipo que entusiasmaba, pero que ahora no transmite nada. Los problemas se multiplican: a esta crisis se suman lesionados y suspendidos. Y en medio de una seguidilla de partidos muy complicados. El jueves toca nada menos que Barracas, el líder infalible de la categoría. Hoy tocó Estudiantes, su perseguidor. Fue más el local: no se lució, no salió a comerse crudo al visitante. Sólido, controló el partido sin que Atlanta le hiciera daño. Un tibio Bohemio que salió a presionar pero se desmoronó con el terrible error de Cherro. Estudiantes esperó el momento propicio para lastimar: un error del rival y a cobrar. Así llegó también el segundo gol, cuando el conjunto del Pepe Castro tenía sus mejores minutos y estaba llegando con mayor peligro al arco. La perdió Pedrozo en un tiro libre a favor y de contra aumentó el local. El Bohemio ya estaba destruido cuando el Pincha metió el tercero. Con uno menos por la expulsión de Previtali, esta vez no hubo milagro. Pésima actuación de Atlanta, sin presencia ofensiva, sin identidad colectiva y con graves errores defensivos que le costaron lo que suelen costar los errores en defensa. Un golpe muy duro para los hinchas.
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