martes, 4 de mayo de 2010

The Real Comment: Atlanta 1 - School boys 0

A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO

¿Cómo evitar, mi fiel escudero, que la ilusión se eleve por las alturas como un Zeppelín surcando los aires planetarios? ¿Cual sería la fórmula para lograr que el pensamiento lógico pueda prevalecer sobre la euforia alocada que estalló como un rompeportones en la nubosa tarde villacrespense de este lunes?
Porque si bien la victoria de ayer era tan necesaria cual el pan nuestro de cada día, todavía faltan salvar obstáculos arduos y peligrosos, como pantanos pestilentes, infestados de alimañas venenosas.
Si bien la clasificación al torneo Reducido es un objetivo de gran valía, y próximo a concretarse, la llegada al ascenso se parece mucho una utopía propia de soñadores impenitentes y de ilusos incurables. O sea de bohemios genuinos.
Lo cierto que el primero de los escollos a superar eran estos Libertarios del Norte, un buen equipo que nos había pegado flor de milonga allá en el lejano Munro.
Un conjunto, con jugadores que manejan con sapiencia el arte del balompié y el juego asociado. Además están luchando por otro lugar en el reducido y el empate le caía como anillo al dedo para sus aspiraciones.
Así que todo hacía prever una dura batalla, donde Atlanta tenía que irse a las barbas tricolores desde el vamos, y los huéspedes los esperarían agazapados a la espera de la posibilidad de asestar un contragolpe letal.
El técnico de los gloriosos ganadores de la Copa Suecia, repitió a los mismos once que comenzaron el partido milagroso en Adrogué seis días atrás. El inquebrantable Don Rodrigo Llinás en los tres palos; la defensa de memoria Izquierdoz, Arancibia y Segovia. La volantería integrada por el Torito Guzmán, el rutilante Rutili, Leandro Álvarez y el huevo Quiroga. Como táctico el Mágico González y la delantera la integraron el Pollo Soriano y el guaraní Acosta Cabrera.
Arrancaron las acciones y tal las predicciones astrológicas, fue Atlanta que adquirió el rol protagónico y los colegiados se adecuaron al papel de actores de reparto.
Los de Ferraresi armaron una férrea y dura línea de cuatro, delante de la cual ubicaron al belicoso Zeballos unos pasos adelante, y buscaron de ese modo clausurar todas las vías de acceso hacia su reducto, y achicaron los espacios a las dimensiones de su minimalista cancha de Posadas y Malaver.
Al Mágico no lo dejaban ni respirar, tampoco le deban espacio un estático Quiroga y a un movedizo Guzmán. Y pusieron una guarda pretoriana sobre el guaraní de los dos apellidos que peleó siempre, aunque con escasa suerte; y sobre el Pollo que tomó el estandarte que llevaría el equipo a la victoria.
No obstante, con más empuje que fóbal, los bohemieros se fueron arrimando a los arrabales de Granero, que se tuvo revolcar aparatosamente para salvar su himen luego que Miguel González habilitara milimétricamente a Guzmán y los dejara cara a cara con el golero visitante. Más tarde suspiró aliviado cuando un cabezazo de Soriano se fue besando su palo izquierdo.
Y Atlanta se cansó de acumular tiros de esquina y laterales en posición de ataque. Pero el gol no llegaba y así se fue el primer tiempo.
El segundo período auguraba el desesperante dominio sin efecto, de tantas y tantas tardes, mientras las agujas del reloj deban vueltas inexorable e incansablemente.
Quiroga, apareció más abierto sobre la izquierda dispuso de mayores parcelas de tierra, el Mágico se paró como lanzador y Rutili empezó a gravitar en el equador de la cancha.
Por su parte el Pollo peleaba en el frente de ataque, se retrasaba a buscar el útil cuando era necesario y colaboraba con su defensa, cuando las circunstancias lo requerían.
Promediaba la etapa, negros nubarrones cubrían el cielo y nuestros corazones, cuando llegó un tiro libre desde el vértice del área, el Mágico que patea, el arquero que hace un burrada, dos o tres rebotes e Izquierdoz que la empuja y gooool de Atlanta.
1 a 0 para los auriazules, y ahora se trocan los papeles. Los colegiales al ataque y los dueños de casa que se retraen y ¡A sufrir que falta una eternidad!
Se producen los cambios lógicos en los dos elencos, los unos para reforzar la vanguardia (ellos), los otros para aguantar la embestida (nosotros) y apostar a la contra para liquidar el asunto.
Y los norteños se vinieron a la carga, y Segovia rechazaba con lo que podía, Izquierdoz le daba de punta a lo que pasaba y el salteño Arancibia operaba de amígdalas sin anestesia a Scamporrino y se iba derechito a la cárcel de contravenciones que está debajo de la platea.
El tiempo se hacía chicle y casi un colegial la mete entrando solito, pero el gran Don Rodrigo, herido y todo, contuvo con seguridad; y, cuando ya se acababa el match, un cabezazo se estrelló providencialmente en el madero salvador, mientras a 2000 bohemios presentes y cinco millones que lo miraban por TV les agarraba un principio de infarto masivo de miocardio.
Y sufriendo como lo hemos hecho toda vida, se llegó al final cosechando un triunfo indispensable.
Es el segundo de los milagros consecutivos. Sigamos prendiendo velas a todos los santos, mi fiel escudero, que faltan nada más que otro cuatro. Y mientras rezamos a la espera de resultados, con el mazo vamos bajando muñecos.

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